Voy a contarles que “o espíritu de Galiza” vive en “o noso pote” . El caldo en estas tierras es cosa principal y lo toma toda la jerarquía, desde el Obispo de Mondoñedo, al menos recatado de los vaqueiros. El porqué de ello hay que buscarlo en lo más profundo de nuestras almas, que a su vez se esconde en lo más profundo de “a nosas fragas”. Esto que les digo lo sabe todo el mundo; “o caldo” es como la auténtica bandera de la gastronomía, y por tanto, de la vida de Galicia.
Para hacerlo bien tienes que ser gallego y haber nacido en nuestra tierra. A decir de una de las miles y miles de gallegas y gallegos que toman “o pote” todos los días, es por ser alimento curativo y a la vez depurativo; te saca “o relente” del cuerpo. Pero quía, tiene otras muchas propiedades, como son que te pone valiente ante la vida, te mete entusiasmo si estás atribulado, te hace compañía si sientes el mal de “a saudade”, por no decir una de las más importantes, la eterna cuestión de acto amoroso, pues te encampana el carallo como Dios manda.
Yo me gano la vida con una pata a rrastras, o mejor dicho, arrastrando una pierna, por mi mala cabeza. Me pasó un día que fui a pulpear; resbalé en las rocas y ya veis el resultado.
Por eso tengo que montar mi mula a mujeriegas; no es que me importe mucho, pues ya tengo práctica en ello y no se va mal del todo. Lo malo es el dolor del cuello, de tanto mirar torcido. Bueno, a lo que íbamos. Me dedico a vender ajos maragatos. Voy de parroquia en parroquia y de tantos años, ya tengo buena clientela. A pesar de mi pierna soy -o eso dicen-, mozo garrido y nunca faltan almas para este infierno. Pero voy pa viejo y conmigo el caldo solo funciona en lo de sacarme el relente de los huesos. En eso si va bien. Pero en lo del acto amoroso, en absoluto. Ellas me atiborran a “caldiño” pero como si nada. Lo único que se encampana es la pierna, que se pone más coja que de costumbre. Pero claro, cada maestrillo tiene su librillo, y yo tengo el mío. Se trata de salsa “a feira”, que se hace con ajo, aceite y pimentón, con un poco de sal gorda. Se maja bien todo con el “morteiro”, y lo pones en las vieiras. Entonces puedes comerlas con confianza. No hay otro afrodisiaco igual. Se te pone el carallo como el esquilón mayor del Obradoiro.
Siento deciros que La Coruña lleva dos semanas sin hablar. Anda enfadada por una disputa con la Genara, la dueña de la mejor pulpería de Carvallino; andan celosas la una de la otra. En la Genara tenéis la mejor “carne ó caldeíro”, amén de un “pulpo a feira” que hace raya.
crocenere
Este soy yo en mi día bueno
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