Este soy yo en mi día bueno

sábado, 13 de diciembre de 2008

LA SENDA

DECURSO DE MI VIDA SECRETA
Salgo con la determinación de tomar la senda. Hace ya mucho, mucho tiempo que no la transito. He decidido revivir viejos tiempos. La senda secreta arranca desde detrás de la iglesia y es necesario sobrepasar viejas cercas de piedra. Es verano, hace mucho calor. De trecho en trecho, las mudas de culebra bastarda penden de las cebadillas A mi paso, los lagartos que sestean corren asustados. Alfa, verde, con el rabo amputado, roto, por la pisada de algún perdido buey nocturno, huye, ágil sabandija, entre los abrojos resecos por el agosto. Las aulagas, dentadas y feroces, me desgarran al pasar Las hormigas, en cambio, con su cautiva voluntad, reiteran estoicas sus rutas de acarreo. Mientras las disolutas cigarras les miran con suficiencia lamartinea y se placen en molestarlas con su chirriar monocorde. Mientras, las urracas se nutren de su frenesí y emiten sus graznidos estertores, anodinos, cual el mascar del pedernal del trillo. Sigo caminando, apartando las zarzas a mi paso. Me detengo. Oigo música a lo lejos. Una música candorosa, ingenua. Suena una dulzaina pastoril. Después un caramillo y algo que parece un pífano de alguacil, no estoy seguro. Luego se hace zampoña…. La nostalgia de otros tiempos, melancolía.Es un cortejo nupcial que va hacia la iglesia. Mientras avanzo la música se aleja. Me voy acercando cada vez más. La oxidada puerta cede quejumbrosa ante mí. Me deja pasar sin reconocerme, como una vieja mandadera que ha perdido la memoria. Sigo avanzando por aquella vereda cada vez más agreste y al fondo diviso al fin el viejo palomar, viudo ya de palomas. Lo que queda de él me recuerda un anciano buitre, en posición de firmes. Al fin llego a él y subo dando el obligado rodeo. Entro agachando levemente la cabeza y las lágrimas secas fluyen a mis ojos. Aún quedan indelebles manchas de palomina en los estantes vacíos. Docenas de salamandras se disimulan en las máculas, otras huyen. Las miro de soslayo y noto que me observan y se compadecen, Mentalmente les doy las gracias. Aprendí una vez que cuando escapan, llaman al macho y buscan su apoyo. Me concentro y procuro viajar al pasado, recordar mis actos de contrición en aquel lugar. Al fin salgo secándome una lágrima que al fin logra licuarse y me dirijo, con el sol de cara, hacia las ruinas de lo que fueron los henares, las cuadras y el viejo serpentín tras la pequeña bodega. La puerta de la culebrina sigue cerrada. Yo recuerdo donde escondíamos la llave, entre las carcomidas tablas del cerco. Al tocarla siento un sobresalto. ¡Sigue aquí!. Tras varios intentos y esfuerzos logro abrir la pesada puerta de madera y entro. Ahora es un reino de arañas y gusarapos, Aún deben acudir las ratas parturientas, al tufo lácteo de los quesos rotos, que allí se guardaban, Cuantos recuerdos. El dorado serpentín de cobre aún sigue ahí. Parece un milagro. Salgo cerrando la puerta tras de mí y desando el camino. Debo llegar al pequeño camposanto donde resido. Espero que Cristino, el Sacristán de Responsos no haya aún cerrado la verja. El alborozo de la boda habrá hecho que se retrase y de esa forma no tendré que saltar la valla, algo casi imposible dadas mis menguadas fuerzas. Afortunadamente nadie me ha visto, - salud y dicha a los desposados-, Mis atuendos, andrajos de tela de araña hubieran delatado mi vida secreta.

27/10/2008, 11:48
Informar de abusos Ver el tema completo

No hay comentarios:

Seguidores